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Jueves, 05 Enero 2012 21:08

Sostenibilidad y problemas demográficos

H. Lyklema en Civis Mundi de abril de 2008

¿Vinculado o no vinculado?
¿Es demasiado cómodo decir que los problemas demográficos y la sostenibilidad están directamente relacionados? Existen indicaciones evidentes que afirman esta vinculación. Es un hecho cualitativo que los problemas ecológicos existentes tienen una base de origen humano y todos estamos de acuerdo con ello. Cada vez más, aunque dependiendo del país, nos estamos dando cuenta del problema y de que tenemos que hacer algo para solucionarlo. ¿Pero qué?

No estamos dispuestos a bajar nuestro nivel de vida actual, con las ventajas sociales y médicas obtenidas. Sin embargo, necesitamos un análisis cuantitativo para la pregunta retórica acerca de la vinculación directa entre estas ventajas y el precio ecológico que hay que pagar por ellas. En este artículo intentaré dar pie a este análisis desde un punto de vista objetivo, siempre que sea posible, basándome en las leyes de la naturaleza con validez universal y no en lo que otros hayan pensado o dicho. Ni en lo que nos gustaría.

¿Qué es la "verdadera sostenibilidad"?
No se puede dejar que una toma de decisiones democrática ofrezca una definición seria de la sostenibilidad. Fíjese en anuncios, artículos de prensa y mensajes de radio y entenderá que este término se usa de modo muy creativo, tanto para bien como para mal. La palabra se ha puesto de moda: se puede invertir, cocinar, construir, viajar y mucho más de un modo sostenible. Hasta he encontrado la combinación antitética de "bienes de consumo sostenibles". La razón de que se utilice mal en muchas ocasiones es que suena bien. Sugiere que se es consciente del medio ambiente y que el cliente puede seguir consumiendo, comprando o viajando sin preocuparse. O sea, anuncios envueltos en sostenibilidad. Si se analiza caso por caso el significado de "sostenible", se llega a la conclusión que el procedimiento tiene un paso en el que se respeta la ecología, pero que el total aumenta las tasas ecológicas. Por ejemplo, la construcción sostenible puede referir a la calidad de los materiales utilizados o al bajo consumo de energía de las viviendas planificadas, o a ambos. Sin embargo, si se suman los costes medioambientales de todos los materiales de construcción, el transporte de los mismos y de los empleados, la balanza ya no resulta ser tan positiva. En cualquier caso, una vivienda fija sacrifica de modo duradero la superficie, una de las materias primas ecológicas. Viajar de modo sostenible suele significar que pagues por plantar árboles en África para compensar la cantidad de CO2 emitida. ¿Es que alguien se lo cree? Se tarda decenas de años en tener árboles lo suficientemente grandes como para absorber una gran cantidad de CO2. ¿Y quién se encargará entonces de que no haya una empresa china lista para talar el bosque? Además, la emisión de CO2 es solo uno de los problemas medioambientales. Se necesita combustible fósil para volar, y para construir el avión se necesitan minerales y se consume energía. Y se tiene que sumar el transporte por tierra previo al vuelo. Y suma y sigue.

Lo que se necesita es una definición que no esté basada en definiciones de origen humano pero que esté basada en mantener la calidad del ecosistema. Para diferenciarlas, llamaré a la sostenibilidad basada en esta definición la sostenibilidad "verdadera". El ecosistema en el que vivimos y trabajamos posee unas cuantas reservas ecológicas (materias primas ecológicas) que utilizamos, como la superficie seca y húmeda, los minerales, la energía fósil, agua y aire limpios. Un economista las llamaría "medios de producción", lo que un ecologista consideraría un insulto ya que la producción económica extrae estas materias primas del medio ambiente. Considero que la energía solar no forma parte de esta categoría ya que abunda, aunque no siempre de forma útil para los humanos. La aportación de energía solar es verdaderamente sostenible. Las antiguas economías se alimentaban casi totalmente de la energía solar, por lo que eran sostenibles. Una economía moderna solo se puede llamar sostenible cuando no se reduce permanentemente la reserva de materias primas ecológicas. O sea, cuando la capacidad de regeneración natural (en caso necesario utilizando la energía solar) no se ve influenciada.

Es interesante referirse a lo que un informe reciente del RIVM "Nederland en een duurzame wereld"1 ("Los Países Bajos y un mundo sostenible", del Instituto nacional neerlandés de salud pública y protección del medio ambiente) dice sobre el término sostenibilidad teniendo lo mencionado anteriormente como base. En ese informe, que merece la pena ser leído, se nombran y explican cinco indicadores de sostenibilidad, a saber, el Human Development Index, el Environmental Sustainability Index, el Environmental Performance Index, el Happy Planet Index y el Index voor Duurzame Samenleving (Índice para una sociedad sostenible). Todos estos tienen en común que dicen algo sobre el bienestar de la gente, que se considera igual a la sostenibilidad del medio ambiente. El enfoque ppp (people, planet y profit, gente, planeta y beneficio) es el mejor baremo para este punto de vista, aunque es necesario objetar insistiendo en que las tres p no tienen el mismo valor. Aun eliminando la p de profit (beneficio) se debe decir que el planeta podrá sobrevivir bien sin el ser humano. Lo contrario no es el caso. Las definiciones de origen humano no suelen ser concluyentes y suelen dar pie a discusiones interminables que tratan problemas parciales, que puede que hasta se resuelvan (parcialmente), mientras que la mayor parte queda escondida. A menudo vemos que se resuelven problemas parciales pero que la sostenibilidad empeora, desafortunadamente.

Ya hemos llegado a la importante conclusión de que los ciudadanos se deben concienciar mejor acerca de los límites de sus capacidades de dejar intacto el medio ambiente. Y no nos olvidemos que la ganadería intensiva también influye negativamente en la carga de origen humano del medio ambiente.

Acerca de escalas temporales
El concepto de sostenibilidad también implica tiempo. El periodo que intentamos tener en cuenta debe ser largo, pero ¿cuánto de largo? En principio infinito, aunque no es una opción práctica ya que se trata de influencias de origen humano sobre el ecosistema, por lo que tendría sentido considerar unas decenas de generaciones o cientos de años. Por lo tanto, se trata de una política a largo plazo: lo suficientemente corto como para no tener que rompernos la cabeza sobre cambios no de origen humano, como la llegada de una nueva era glaciar, pero largo en comparación con un periodo de gobierno.

Existe, además, otra escala temporal para la sostenibilidad: la del tiempo necesario para la regeneración del ecosistema en relación con el tiempo en el que consumimos las reservas ecológicas.

¿Existe un vínculo entre la población y el uso que hace de las reservas ecológicas?
Claro que sí. Y el vínculo depende cuantitativamente del modo en el que la población trata al medio ambiente. Esto nos lleva a la pregunta principal: ¿en qué medida se puede desvincular nuestra economía del uso que hacemos de nuestras reservas ecológicas? Y, si esto no fuera del todo posible, ¿podemos medir los daños y estamos dispuestos conscientemente a aceptar los riesgos de estos daños? Esta desvinculación es un deseo piadoso para el ciudadano medio, o sea, también para el político medio. Solemos oír que técnicamente es posible la desvinculación ("confío de lleno en la tecnología"), y lamentablemente también lo solemos oír de los políticos. Como ilustración se suelen añadir procesos y productos que son más economizadores gracias a la tecnología. Sin embargo, el argumento es incorrecto: va contra una de las leyes naturales fundamentales: la segunda ley principal de la termodinámica. Nuestra economía siempre paga un precio ecológico por lo que, cuanto más intensa sea la economía, más elevado será el precio ecológico.
Como explicación sigue una exposición sobre el fondo científico natural.

Vínculos vistos desde el punto de vista científico natural
La naturaleza a nuestro alrededor está repleta de vínculos que desconocemos. Un ejemplo biológico es que no existen mariposas sin orugas, pero fíjese en la cantidad de gente que extermina las orugas en su jardín y, seguidamente, se quejan de que hay tan pocas mariposas. ¿Y quién es consciente de que el hecho de que existan dos sexos está directamente vinculado a la mortalidad del individuo? Una vaca no puede crecer y dar leche sin generar, al mismo tiempo, estiércol. El que se atreva a decir que puede desvincular tecnológicamente esos dos asuntos, ha perdido su juicio.

La pregunta central del análisis de la carga que impone nuestra economía sobre las reservas ecológicas es la regla básica de que para las cantidades finitas rige lo siguiente: cuando se acaben, se acabaron. Solo se puede llevar a cabo una desvinculación entre la economía y la carga si podemos reutilizar al 100% las reservas utilizadas y esto, en principio, no es posible sin volver a cargar las reservas ecológicas. Un artículo publicado anteriormente en esta revista2 explicaba e ilustraba con ejemplos esta segunda ley principal. La ley dice que no podemos crear un perpetuum mobile del segundo tipo, que es el desarrollar una tecnología en la que el calor se transforma al completo en trabajo sin utilizar energía y materias primas ecológicas, o devolver metales utilizados al estado de elementos puros, o separar el agua contaminada con metales pesados para obtener agua limpia y metales puros. No es posible mejorar residuos para obtener las materias primas originales sin gastar energía y nuevas materias primas ecológicas La tecnología puede ayudar a limitar los daños (coches ecológicos) pero la economía no funciona sin esas materias primas, ya que no es posible reutilizar todo. No existe un procedimiento que cierre el círculo creando un círculo ecológico cerrado. La desvinculación solo es posible para procesos biológicos lentos en los que se puede utilizar la energía solar para la recuperación total. Sin embargo, el moderno humano occidental no se siente atraído por esta opción. Y teniendo en cuenta este duro hecho, deberíamos encontrar una medida que no sea de origen humano para la medida del consumo de materias primas ecológicas.

La huella ecológica
Actualmente es la medida más práctica. Describe la superficie necesaria para llevar a cabo todas las necesidades primarias de una persona (comer, beber, reciclar residuos, etc.). Se puede calcular por país, por persona, por proceso y por producto. El artículo de Juffermans, que viene en esta revista3 explica el término. El lo llama la huella mundial. Yo considero la huella mundial la huella de todo el mundo. Una ventaja psicológica del término huella ecológica es que también tiene un significado figurativo: te puedes hacer una idea de una persona que tiene una huella ecológica grande como alguien que posee una o varias casas grandes con aire acondicionado, que compra nuevos coches caros, que tiene caballos y que viaja mucho en avión. Alguien como Al Gore. El término huella ecológica no es perfecto, pero tampoco está tan mal. No incluye, por ejemplo, la toxicidad de residuos, ni se han tenido en cuenta los minerales, pero ya que no tenemos nada mejor, podemos utilizarla. Al fin y al cabo, la huella es mejor que los diferentes indicadores que se basan en las tres p, como lo piensa hacer el Planbureau (oficina neerlandesa de planificación). Estos indicadores tratan las prioridades en el reparto de dinero que no teníamos que haber ganado.

¿Cuál es el resultado? Para mantener la tierra sostenible en su totalidad, cada habitante podrá utilizar 1,8 hectáreas. En realidad son 2,2 hectáreas. Si lo consideramos a nivel global, superamos en más de 20% la carga que hacemos sobre las reservas ecológicas. La huella no dice nada sobre qué pasará, aunque nos podemos imaginar que el calentamiento de la tierra es uno de los resultados negativos, aunque no el único, ya que también existe la falta de agua y superficie limpias. No parece ser que esto mejore en breve, considerando la emergencia de macroeconomías que crecen rápidamente, como la de China. La huella es muy elevada en los Estados Unidos (9,6 hectáreas por persona a consecuencia del nivel de vida medio de elevada consumición) y en los Estados del Golfo (ya que todo se importa por vía aérea). En muchos países en vías de desarrollo es baja. Pero fijémonos en nosotros mismos: la huella en los Países Bajos es de 4,4 hectáreas por persona, un factor 2,4 superior a lo calculado en comparación con lo que se ofrece para la sostenibilidad verdadera. Esto ya no se trata de unos pocos porcentajes Y el factor no hará más que subir si ampliamos el cálculo de la huella incluyendo la toxicidad de los residuos. Determinemos también que esta constatación es apolítica, ya que nuestra opinión no importa: es un hecho. Lo que haremos en relación con este problema sí es una cuestión política, hasta cuando se adopta la política de mirar hacia el otro lado.

¿Qué hacer con la política demográfica?
En este artículo me limito a los Países Bajos, por lo que tenemos que buscar medios para reducir la huella VPB de nuestro país con un factor 2,4. En estos momentos es VPB = Vp x N si Vp es la huella por persona (en estos momentos, 4,4) y N es el número de habitantes (más de 16 millones). El resultado solo se puede reducir si se reduce la huella por persona o N, aunque es preferible que sean ambos. Personalmente no creo que la primera parte se pueda reducir suficientemente ya que estamos demasiado mimados con nuestro alto nivel de vida, nuestra buena sanidad, etc. Se podrán encontrar ejemplos individuales de personas que llevan un estilo de vida ecológicamente consciente e idealista pero no creo que con ellas se pueda llegar al factor 2,4. Por ende, se obtendrá el mejor resultado reduciendo N. De momento es un tabú pero no hace daño imaginarse unos Países Bajos con solo 6,6 millones de habitantes pero en los que se sostienen todos los logros actuales. La reducción ecológica también ayuda a reducir VNed, aunque solo fuera parando el crecimiento. Hasta eso es difícil ya que se tiene que hacer uso de reservas ecológicas cada vez más escasas cuyas extracciones suponen un coste de reservas ecológicas y energía progresivamente elevado. Dicho de modo claro: mantener el crecimiento económico en un mundo que ya no es sostenible es tan artificial que el metabolismo económico al completo se debe acelerar anualmente, lo que se traduce en una reducción proporcional de la sostenibilidad.

Comentarios finales
El alcance de lo tratado es mucho más amplio, lo que se mostrará al elaborar la pregunta de cómo llevar a cabo ciertas cosas, al preguntar acerca del reparto de las reservas ecológicas disponibles (pobre y rico), al hacer promesas políticas e idealistas (como la Declaración de Rio de los derechos del ser humano, que dice que todos tenemos derecho a un desarrollo sostenible), el mito de que se necesita más crecimiento económico para combatir los problemas ecológicos (hay que reducir la economía) y el hábito de expresar todo en dinero (las reservas ecológicas son más valiosas y no se ven afectadas por la inflación. ¿Se ha fijado en que la palabra dinero solo se mencionó una vez en este artículo?). Quiero añadir que, pensando en la inmigración, debemos favorecer a personas con una huella pequeña.
El objetivo principal de este artículo es ofrecer una aportación a la concienciación sobre hechos detrás de ficciones.

1).Nederland en een duurzame wereld: armoede, klimaat en biodiversiteit. Tweede Duurzaamheidverkenning. RIVM (2007).
2). J.Lyklema, Echte Duurzaamheid, een Natuurwetenschappelijke Aanpak. Civis Mundi 41 (2002) 154.
3). Artikel Juffermans en esta revista.

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